Color opaco al aire libre: equipo, paleta y secado
Aprenderás en qué se diferencian el gouache y el acrílico fuera del taller, qué equipo mínimo necesitas de verdad y sobre qué soportes funciona la pintura opaca.
15 min
La pintura opaca funciona de un modo distinto a la acuarela. No aprovechas el blanco del papel como luz: cada luz la pones tú, con una pintura que tapa lo que hay debajo. Eso significa que puedes pintar claro sobre oscuro, cubrir errores y trabajar sobre cartón de color. A cambio necesitas saber a qué velocidad seca tu pintura y cómo mantenerla utilizable en la calle. De eso va esta lección.
Gouache y acrílico frente a frente
El gouache se vuelve a disolver cuando está seco. Si pasas un pincel húmedo sobre una capa vieja, esta despierta y puedes difuminarla o retirarla. Es una ventaja y una trampa al mismo tiempo: corregir resulta facilísimo, pero si pasas demasiado mojado sobre una mancha ya terminada la levantas y los colores se ensucian. El gouache seca mate y aterciopelado, sin brillos, y en un cuaderno se ve tranquilo y compacto: por eso es la opción más lógica si trabajas en libreta. Cuenta con un pequeño cambio de tono al secar: las mezclas oscuras y saturadas suelen aclararse un poco, mientras que los tonos con mucho blanco a veces parecen más oscuros que en mojado. Nunca juzgues una mezcla mojada; pruébala en una tira al margen y espera veinte segundos.
El acrílico va por el camino contrario: lo que seca queda impermeable y ya no se mueve. Puedes superponer capas sin remover la de abajo. El precio es la velocidad. Al aire libre el acrílico seca en minutos, y con sol y viento aún más rápido, no solo sobre el papel sino también en tu paleta. Lleva por eso un pulverizador pequeño con agua y nebuliza los montoncitos de color cada pocos minutos. Más cómodo todavía es una paleta húmeda de conservación: una caja plana con papel de cocina mojado dentro y una hoja de papel de horno encima, sobre la que colocas la pintura. Así el acrílico sigue trabajable media hora o más. Y hay una regla sin excepciones: no dejes nunca un pincel de acrílico fuera del agua. El acrílico seco en el interior del pelo ya no sale.
Cinco tubos bastan
Tu equipo de viaje son blanco de titanio, un amarillo primario, un rojo tipo cadmio o pirrol, azul ultramar y siena tostada. El blanco de titanio puede ser el tubo más grande, porque se acaba primero: en pintura opaca el blanco entra en casi todas las mezclas. Con ultramar y siena tostada cubres todo el terreno entre los marrones cálidos, los grises neutros y los oscuros casi negros; con eso pintas tejados, asfalto, sombras y huecos de ventana. Ultramar con amarillo te da los verdes, y rojo con amarillo el naranja de las tejas y los toldos. De forma opcional añade gris de Payne, un oscuro algo azulado y muy cómodo para zonas de sombra y motivos de tarde. Más tubos no mejoran tus dibujos en la calle: solo alargan tus decisiones.
Pinceles, agua y trapo
Lleva dos pinceles planos, aproximadamente del número 6 y del 12, y un redondo pequeño del 2 al 4. El plano ancho resuelve muros, cielo y calzada en pocas pasadas, y con su canto trazas bordes limpios sin cambiar de herramienta. El redondo pequeño queda para carpinterías, antenas, farolas y figuras insinuadas. Añade un vaso de agua con tapa —un tarro de rosca o un vaso plegable— para que no se te derrame en la bolsa. El trapo es aquí más importante que en acuarela: entre dos colores casi siempre limpiarás el pincel frotándolo en seco en lugar de lavarlo, porque demasiada agua arruina el poder cubriente.
Soporte y pastillas
La pintura opaca aguanta humedad y varias capas, así que busca papel de 250 g/m² o más. Queda especialmente bien sobre cartón teñido en gris u ocre: el tono medio te lo regalan, solo tienes que pintar las luces y los oscuros, y cada toque de blanco parece sol al instante. La tercera opción son cartones para pintura pequeños, en A6 o A5, lo bastante rígidos para apoyarlos en la rodilla sin mesa.
Si los tubos te resultan engorrosos en la calle, usa gouache en pastillas. Estos estuches de viaje, de unos 30 a 60 EUR, funcionan como una caja de acuarela, solo que puedes mezclar de forma cubriente y la tapa hace de paleta. Lo importante es cargar mucho color con poca agua; si no, acabarás haciendo una veladura fina.
Ideas para recordar
El gouache perdona y el acrílico no olvida nada: elige según si quieres corregir o superponer. En pintura opaca el blanco es material de consumo y el agua, en cambio, se administra con tacaño. Y juzga toda mezcla solo cuando esté seca.
Ejercicio
Colócate con tu equipo en una ventana o un balcón con vistas a un edificio y dedícale 15 minutos. Los primeros siete son para una carta de color en una hoja suelta: mezclando solo ultramar y siena tostada, pinta una fila de cinco casillas, desde el azul puro hasta el marrón puro pasando por dos mezclas neutras. Debajo repite las mismas cinco mezclas, cada una aclarada con un toque de blanco de titanio. Tendrás diez tonos que sostienen casi cualquier motivo urbano. En los ocho minutos restantes busca la fachada de una casa y píntala solo con el pincel plano del 12, en tres valores y de forma cubriente: la cara iluminada clara, la cara en sombra media, y los huecos de ventanas y puertas oscuros. Sin líneas, sin detalles, solo tres manchas planas, con tanta pintura y tan poca agua que el soporte no se transparente.